El origen de este peculiar instrumento está en la kirikoteka, variante de la txalaparta elaborada con pisones (palos) que se utilizaban para golpear las manzanas y extraer sidra. Crack crack, crack crack. Ritmos compasados de dos o más trabajadores.
Asociar la monotonía de ciertos trabajos a una actividad lúdica como la música era bastante frecuente en los pueblos. Esta asociación se convirtió en el origen de la txalaparta, fabricada con tablones de madera afinados, sujetos sobre dos caballetes. Los pisones o mazas, con los que exprimían la fruta, fueron sustituidos por las makilas, los palos de madera con los que se golpea cada tablón.
El resto son ejercicios de coordinación y entendimiento. Del trabajo al ritmo, del ritmo al juego, del juego a la diversión, de la diversión a la fiesta. Ahora en vez de jugo se extrae sólo ritmo. La txalaparta, por su origen de trabajo colectivo, se toca entre dos personas e incluso tres o cuatro dependiendo de su tamaño. La complicidad y la escucha son clave para conseguir un sonido limpio, basado en una mezcla entre ritmos improvisados y golpes técnicos y depurados.


